lunes, 20 de octubre de 2014

NOTA 5. El ejemplo.



Hace poco había llegado del trabajo. Estabas en el balcón del apartamento esperando mi llegada. Vi tu felicidad al verme luego de doce horas ausente.

Cuando llegue a la puerta, tú estabas ahí con esos ojitos rebosantes de felicidad.

  -          Mami, te amo. Te he estado esperando, quiero que juguemos.

      Te besé dulcemente en la frente y te di un abrazo fuerte. Te pedí media hora para cenar, descansar un poco y poder dedicarte el tiempo que me estabas demandando. Fuiste a sentarte en el sofá a observar las noticias que estaban pasando por la caja idiota (el televisor) aguardando el tiempo prometido para jugar.

Hemos empezado el juego, por fin. 
-          Mami, hoy jugaremos a la doctora Juguetes. Mi abuelo está enfermo y tu estas acompañándolo en el área de urgencias del hospital y yo seré la doctora que los atenderá.

Tu abuelo y yo gustosos representamos nuestro papel. Él se recostó en el mueble, quejándose por el dolor que sentía en su estómago, argumentaba fiebre alta y dolor en los huesos. Tú tomaste tu maletín rosado de plástico con todos los implementos médicos de juguete, te acercaste y empezaste la función.
 -        Buenas tardes, señor. ¿Por qué consultas?
-          (Abuelo) Tengo muchísimo dolor en mi estómago, me duelen los huesos que me impiden caminar y mucha fiebre.
-          Por lo que veo no tienes absolutamente nada.
-          (Abuelo) ¿Qué dices? Llevo varios días así, ya es insoportable el dolor.
-          Lo siento mucho, acabo de terminar turno. Tendrás que esperar que te atienda el otro médico
En mi representación de acompañante del enfermo, me enojé muchísimo y te reclamé por lo desconsiderada. Se trataba de un enfermo no  de una cosa.
-          (Yo) ¿Qué? Iré ya mismo a quejarme con el auditor médico o quien tenga que hacerlo. No puedes ser tan inconsciente.
-          Señora, lo siento mucho pero debe esperar.
-          Si algo le pasa a mi padre, la demandaré y es posible que vayas a la cárcel por negligente.
-          Señora, espera un momento. No tienes que hacer eso. Ya mismo atiendo el paciente.
Haces de cuenta que marcas en tu teléfono móvil de juguete, llamas a tu mejor amiga, Valery y le dices:
-          Amiga, creo que deberás esperarme unos minutos antes de empezar la cirugía, tengo un paciente grave en urgencias. (Cuelgas)
Atinas a revisar al paciente ordenando los pasos a seguir:

-       Te sacaremos un kilómetro de sangre.
Dicho esto, fuimos incapaces de no reír. Las carcajadas eran intensas. Con un kilómetro de sangre prácticamente dejaste a tu paciente muerto. Además no eran kilómetros, eran litros.

Seguiste con el escenario.
-    Debemos esperar tres horas que salgan los resultados. Tengo una cirugía urgente. Nos vemos más tarde.
Supuestamente ya han pasado las tres horas.
-         De acuerdo con los resultados, usted tiene grasitis (imaginamos que quisiste decir gastritis). Así que debes tomarte los medicamentos que te voy a recetar. Ahora te dejo con otro doctor porque tengo una fiesta en un rato y no puedo seguir atendiéndote.
Soltamos la carcajada por lo que acababas de hacer. Te reíste también y dijiste que ya no querías jugar más a la doctora juguetes. Trajiste tu rompecabezas favorito y empezamos a jugar.

La representación tuya está inspirada en las constantes visitas al médico que has tenido que hacer a clínicas y hospitales acompañando a tus abuelos. Incluso, tu misma estuviste en varias ocasiones hospitalizada. 
Esta anécdota me recuerda la frase celebré de Rafael Pombo, “Madre… voy a seguirte… Vé tu delante, que dándome el ejemplo, lo haré al instante”. Es un claro ejemplo que los niños absorben como esponja todo lo que ven u oyen. 
 
Verte haciendo y diciendo esas cosas me alerta frente a lo que puedo hacer o decir delante de ti. Quien seas en el futuro es responsabilidad de nosotros tus padres. No me queda más que comprometerme darte el mejor ejemplo que pueda.

Te quiere mucho,

Tu madre.