He llegado a casa como de costumbre tras doce horas por
fuera. De la misma forma que todos los días estas esperándome en la puerta. Es
una alegría inmensa verte.
Empiezas a contarme todo lo que te ha pasado en el día, las
cosas que hiciste y a cantarme las nuevas canciones que te han enseñado en el
jardín. De repente, te quedas callada. No lo he notado aún. Luego con voz
entrecortada me dices:
- Mami, ponme atención.
- Te estoy poniendo atención, hija.