miércoles, 11 de diciembre de 2013

NOTA 1. El comienzo.

Un día de tantos, luego de verte a los ojos y escuchar todas tus historias en el jardín me produjiste un "deja vú". Me ví muchos años adelante observando ya no una niña sino una mujer. Incluso escuché uno que otro reproche producto de tu rebeldía adolescente. Afortunadamente solo fue un trance.

Esta pequeña experiencia contigo me ha impulsado a escribirte cada que pueda para que cuando me hagas cualquier reproche leas este blog y encuentres todas las respuestas que quieras.

Para empezar este camino quiero contarte lo que significas para tu padre y para mí.


Es maravilloso cuando se espera el nacimiento de una hija. Imaginar tu carita, tus manos, fantasear si te parecerías a mí o a tu padre, si serías "come libros" como nosotros o todo lo contrario.

Esperarte fue para nosotros una sonrisa, una lágrima, la emoción, los nervios... hasta que naciste.


Te adelantaste unas semanas. Eras la niña más hermosa del mundo para nosotros (para qué padre no es hermosa (o) su hija (o)). El destino nos jugó ocho días de tormento. No pudimos tenerte en brazos inmediatamente porque naciste con neumonía congénita. Cada día empeorabas. Las posibilidades de que sobrevivieras eran como esperar un milagro. No había esperanzas.

El milagro sucedió luego de diez minutos que pidiéramos con fe a Dios  que no te llevara.

Luego fueron momentos hermosos. No creo que hayamos recibido mejor regalo de la vida que tú.


Ahora comprendo a mis padres, sus sacrificios, sus enseñanzas, sus desvelos. Espero que tu lo logres mucho antes de emprender esta etapa.

Te amamos mucho, campeona.